En el mar de vinos en el que nos movemos hoy, cada vez valoro más aquellos que me emocionan y que me ayudan a abstraerme del ruido de mi alrededor logrando captar toda mi atención y mis cinco sentidos.
Juan Jerónimo Timermans lo ha vuelto a hacer, llevo tiempo sin disfrutar tanto con un vino o, más bien con un Señor Vino. Conociéndolo y sabiendo el mimo con el que casa el laboreo de su viñedo con el proceso de vinificación, es de esperar que de su mano y de sus sueños salgan grandes vinos como este que hoy os presento.
En la contraetiqueta reza, entre otros datos que es un monovarietal de Syrah con nueve meses de crianza en barricas de roble francés y americano que nace y se cría en el Pago del Duque, en Trebujena. Tierra albariza.
Se presenta un tinto muy oscuro, rojo picota con ribetes violáceos y una capa muy cubierta. Con una densidad en el movimiento llamativa y unas lágrimas muy glicéricas largas y muy torpes en su caída, algunas de ellas se distraen en su camino y parecen que no terminan de caer.
En nariz presenta una buena intensidad y es altamente expresivo. A mi, que me encantan los vinos de Oporto me recuerda mucho a un Ruby.
En un primer momento te atrapa el aroma ácido que recuerda a la maceración de la fruta cuando está sobremadurada mezclándose con ese golpe de tiza y arcilla mojada que es firma de la tierra albariza del Pago del Duque.
Con un aroma muy rico y complejo en el que se percibe un centro de moras y violetas, fruta de hueso madura, madera de tulla e incluso sutiles guiños de coco, barrica de salazones e incluso más tímidamente, pétalos de rosa. Al fondo todo se decora con notas dulces y balsámicas.
Aunque las notas propias de la crianza y la madera van ganando protagonismo, conforme el vino se va abriendo y expresando, la fruta no deja de estar presente haciendo que todo resulte muy atractivo y goloso.
Catamos el vino con unas expectativas muy altas pues su aroma es realmente suculento, embaucador y altamente interesante.
En boca al igual que en nariz llama la atención su acidez y su frescura la cual te deja literalmente la boca hecha agua después de cada trago. Integrando perfectamente el alcohol muestra una leve tanicidad, poca si tenemos en cuenta que es un tinto en rama y sin filtrar. Aunque presenta cuerpo y volumen es tal su frescura que lo contrarresta con creces.
Se percibe tensión en cada trago, una tensión que se resuelve muy gratamente con la percepción de toda su carga frutal, dejando un rico recuerdo y un final que se antoja balsámico y tenido.
Cuánto mérito tiene hacer un vino así con los años climáticos tan dispares que estamos viviendo, vinos así solo lo puede nacer de la pasión por la tierra y el trabajo constante.
Un tinto con gran vocación de guarda.
Todo un privilegio poder catarlo.
Catado el 23 de junio de 2026










